No es que pudiera hacer gran cosa en ese momento, pero el presidente debería reflexionar sobre el uso que debería darle al avión presidencial

Elier Lizárraga

Culiacán, Sin.- ¿Te acuerdas a qué hora empezó la balacera en Culiacán el llamado Jueves Negro? En algún momento entre las 14:45 y las 15:00 horas. Seguramente para entonces tú ya estabas refugiado y muriéndote de miedo por lo que estaba pasando en la ciudad.

¿Qué estaba haciendo el presidente? ¿Te lo han dicho? Claro, todos sabemos que iba en camino a Oaxaca en un vuelo comercial y que no se enteró de nada hasta que aterrizó porque, como es evidente, en un vuelo comercial no puedes encender dispositivos de comunicación.

Hasta aquí todo bien. Andrés Manuel López Obrador iba a su evento en Oaxaca y no se le podía comunicar la situación actual. Alguien con sentido común diría: pues sí, así son los vuelos comerciales, y ni modo, es parte del plan de austeridad del presidente no usar el avión presidencial.

Pero, ¿qué estaba haciendo realmente? Solamente quienes lo vieron sabrán decirnos qué venía haciendo en ese vuelo, pero no estaba preocupado por ti ni por tu familia. Lo más probable es que estuviera comiendo cacahuates y tomándose un refresco, porque no podía hacer otra cosa, mientras el avión aterrizaba.

Y lo malo de esta situación no es que comiera cacahuates y refresco, podía hacerlo de igual forma si tuviera el avión presidencial, lo malo es la parte en la que no podía hacer otra cosa.

Si el avión presidencial estuviera en funcionamiento, el presidente hubiera sabido prácticamente en tiempo real de lo que estaba pasando en Culiacán y ordenar el regreso a la Ciudad de México para reunirse con su gabinete, tomar una determinación diferente y delinear acciones a seguir… desde el aire. Para cuando aterrizara, la situación sería completamente diferente y, una vez reunido con el gabinete, podrían tomar una decisión.

Porque el avión presidencial no se ha vendido. Se sigue pagando por él porque no es propiedad del gobierno mexicano, se tiene en un esquema de comodato y este año se tendrán que pagar más de 400 millones de pesos por concepto de renta y mantenimiento por tenerlo detenido. La empresa Boeing, con sede en California, está haciendo su agosto con un avión que no se utiliza.

Y por no utilizar ese avión, el presidente no se enteró de una de las peores crisis que ha enfrentado su gobierno tan solo en el primer año. ¿Y si se repite un temblor como el del 19 de septiembre del 2017 y el presidente está en un vuelo comercial? ¿Qué va a pasar cuando el presidente deba acudir a la ONU y no llegue porque su vuelo está retrasado? ¿Cuántas crisis tendremos que pasar sin que el hombre con mayor poder político de México (en teoría) sepa lo que sucede porque está incomunicado?

No pretendemos echarle sal a una herida que sigue abierta y tal vez nunca sane del todo. Pero el gobierno federal debe reflexionar sobre cómo se toman las determinaciones y si no sería buena idea usar el avión presidencial. Si AMLO da una buena explicación de por qué tomar esta medida cuando prometió vender el avión, nadie se lo va a reprochar. Es más, quienes votaron por él le van a aplaudir (porque de todos modos todo le aplauden).