Sofismas de Ocasión | AMLO XIV: el rey rayito

Juan B. Ordorica

(@juanordorica)

 “Solo Dios tiene derecho a juzgar la conducta de los reyes”.   Sobre esta premisa se construye el absolutismo. Dios puede ser la figura teológica venerada en Versalles o la entelequia llamada Pueblo. En cualquiera de los dos conceptos, el gobernante está por encima de cualquier institución terrenal que busque acotar sus poderes. Luis XIV, el Rey Sol de Francia y nuestro tropical López Obrador terminan por ser adoradores de la misma iglesia secular del Poder al estar solo por debajo de Dios e indiferentes a los contrapesos del Estado.

Similitudes hay a raudales. Por su puesto que existe la tentación de caer en anacronismos y juzgar a ambos políticos desde nuestra propia perspectiva temporal; sin embargo, si observamos el actuar de ambos desde los contextos históricos podremos comparar claramente que la vena autoritaria los une más allá de las evidentes diferencias república- monarquía.

El Rey Sol francés emprendió una revolución con su llegada al trono. Organizó una guerra frontal contra la nobleza reduciendo al mínimo su influencia con la Corona. Los nobles, quienes históricamente eran el contra peso a la monarquía, fueron acotados en las actividades propias del gobierno. Luis XIV designó a “plebeyos” como parte de su gabinete. Una acción inaudita para el canon de la época. La premisa del monarca era sencilla: Los nobles pueden eclipsar el poder del rey, pero un plebeyo puede ser fácilmente removido y sus acciones jamás estarán por encimas del soberano. Con estos cambios, el rey aseguró un control absoluto sobre las decisiones en su corte.

Por su parte, López Obrador sigue de una manera paralela estas decisiones. Si bien su gabinete, en apariencia, está integrado por personas medianamente preparadas, son escasos los personajes que tienen un peso político de importancia. Su mayor virtud es la sumisión al Poder. La lealtad ciega, como muchas veces lo ha externado el propio presidente en sus agotadoras mañaneras: “Lealtad sobre preparación”. De esta manera, AMLO asegura que su gabinete-Corte se sujete a sus designios y no tengan la tentación de oponerse al presidente. Los miembros del gabinete que han intentado tener sus propias agendas han tenido que salir; fueron pues, plebeyos de los que pudo prescindir sin mayores consecuencias.

Tanto López Obrador como el Rey Sol tuvieron que apuntalar al ejército para conseguir avanzar en sus gobiernos. Ambos apostaron a una militarización para apuntalar sus decisiones. Sin e ejército, los planes de expansión simplemente no se hubieran concretado. El francés necesito a los militares para expandirse por Europa y el de Macuspana los necesita para expandir sus proyectos.  Los dos gobiernos otorgaron prerrogativas al sector castrense que sus antecesores no consideraban.

Luis XIV no soportaba a quienes profesaban otra fe. Los monarcas anteriores a él toleraron la convivencia entre religiones. Protestantes y católicos, si bien tenían diferencias y existían confrontaciones violentas, el Estado respetaba la libertad de creencia. Con el Rey Sol se terminó. Desde la cabeza del Estado se ordenó convertir a todos los protestantes en católicos. Se lanzó una campaña de persecución a los protestantes alentados por campañas de propaganda. EL rey no permitía que nadie pensara diferente.

En el caso de AMLO, si bien es cierto, no existe una persecución violenta, desde el Estado se presentan campañas de propaganda permanentes para señalar con el dedo inquisidor a cualquier ideología política diferente a la profesada por el oficialismo. El presidente dice tolerar todas las formas de libertad política; sin embargo, el linchamiento maniqueo en contra de los “conservadores neoliberales” raya en la persecución política.

Luis XIV decidió acotar a las pocas Instituciones del Estado francés (Nobleza, clero, Cortes). “El Estado Soy Yo”: frase que se le tribuye al Rey Sol. Sus mandatos eran inobjetables. Nadie estaba por encima de él. Dejó muy claro que el Sol brillaba porque él lo ordenaba. El país se rindió a sus deseos.  López Obrador en alguna ocasión se autodenominó un “Rayo de Esperanza”. Nuestro rayito solar poco a poco está sometiendo a nuestras instituciones (Tribunales, Organismos Autónomos, Poderes, Etc.). El Poder Absoluto es tentación y vanidad. El Estado autoritario está tan presente en el siglo XVII como en el Siglo XXI.

Monarquías o Republicas sucumben igual cunado los gobernantes deciden ser más importantes que los gobiernos. El Rey Sol y el Rayo de Esperanza se hermanan en el Poder. Tanto sol puede causar cáncer. Hay que tener cuidado.