EL jueves todo Culiacán fue presa del pánico y, aunque los medios de comunicación han dado un recuento de los hechos, son pocas las historias que se han contado de voz de quienes lo vivieron en carne propia

Elier Lizárraga

Culiacán, Sin.- Los hechos de violencia, terror y caos que ocurrieron el jueves en Culiacán quedarán marcados para siempre en la memoria colectiva. No hay duda de que se trata de una de las peores jornadas de violencia que han vivido los culiacanenses.

Y aunque los medios de comunicación han hecho un recuento de lo ocurrido, son pocas las historias que se conocen de quienes estuvieron ahí en el momento. Por eso, nos dimos a la tarea de buscar esas historias y, en su propia voz, dejar que quienes lo vivieron cuenten su experiencia.

El inicio de todo

Todo empezó alrededor de las 3:05 de la tarde. Justo estaba por terminar mi turno, cuando escuché las detonaciones de alguna ametralladora de grueso calibre. Supongo yo que ha de haber sido de una doble rodado negra.

Al escuchar esto me tiré al piso dejando en el mostrador pertenencias de la empresa y mías y corrí gateando a esconderme al baño, dejando las puertas del negocio abiertas, junto con mis compañeros.

Fueron casi dos horas de enfrentamiento constante. Hubo un pequeño cese pero estaba lleno de militares y Guardia Nacional y policías estatales en los alrededores. En eso, aproveché para ponerle seguros a la puerta de la entrada.

Los puse y, mientras recogía mis pertenencias, vuelve a reanudarse el enfrentamiento nuevamente me tiro y corro a a esconderme en conjunto con los compañeros.

Así pasamos escuchando detonaciones e impactos de bala en la pared del trabajo. Las horas se nos hicieron largas, vimos pasar convoyes de sicarios y hasta camionetas de redilas, un carro de una empresa de telecomunicaciones. Una muchacha abandonando su carro y huyendo aterrorizada en pleno camellón.

*Ivan, trabajador de una tienda de autoservicio

 

Terror en las calles

Eran cerca de las 3:40 horas de la tarde. Yo iba camino a forum por el puente peatonal y me dijeron que ya lo habían cerrado por las balaceras, que mucha gente estaba huyendo, me regresé caminando a esperar mi camión y en ese momento se escuchan nuevamente las ráfagas una cuadra tras de mí.

Corrimos como pudimos. Algunos policías municipales que ya estaban cerrando calles nos decían que nos refugiáramos en los locales. Tristemente no nos dejaban entrar, hasta que una farmacia que aún no cerraba nos dejó entrar, ahí había gente.

Llegó de milagro mi camión ruta Bugambilias y me subí, pero al llegar a Coppel Escobedo, donde sube a más personas ya era un caos, toda la gente amontonada para subirse, los locales cerrando, personas corriendo por todo el centro.

El camionero dejó subir a los más que pudo, pero me dio mucha tristeza que mucha gente se quedó. Ya no subió ni bajo gente hasta salir al zapata.

Soy foránea y en 6 años que tengo viviendo en la ciudad jamás me había tocado una situación así. Realmente viví el miedo, mediante las redes me fui enterando los motivos de la situación y solo pedía que lo soltaran para que las cosas se calmaran.

Gracias a Dios yo pude llegar a casa pero mucha gente quedó en la calle y durmiendo en las tiendas departamentales.

*María, testigo de la violencia en el centro de Culiacán

Una familia aterrorizada

Ayer a las 3:00 de la tarde mi esposo se fue al trabajo, minutos más tarde me llamó para decirme que no saliera a la calle, que resguardara bien a los niños porque había enfrentamientos en la calle. Él tuvo que cerrar el negocio, administra un Oxxo. Todos los Oxxo de Culiacán fueron cerrados.

Mi pánico realmente empezó cuando él ya no pudo salir de ahí para regresar a casa. Cuando salió de la tienda junto con su mamá (que trabaja junto con él), se encontraron con dos convoyes llenos de gente armada. Se volvieron a encerrar en la tienda. Cuando empezó a circular el mensaje de que a las 7pm habría toque de queda, mi miedo aumentó.

Él estaba cerca de lo peor, gente corriendo, gritando y llorando. Carros quemados, otras camionetas estrelladas en postes. Patrullas incendiadas. A la 6 pm decidió venirse a casa. Solo le pedí que trajera vidrios abajo y que su mamá se viniera con él para que vieran que era familia. En cuanto llegaron a casa me volvió la tranquilidad.

Casi a las 9:00 de la noche ya estaba más calmado todo. Mi suegra se quiso ir a su casa y la llevamos. Los niños se quedaron en casa para evitar ponerlos en riesgo.

La ciudad estaba sola, olía mucho a quemado. Había calles cerradas. De regreso, pasamos por el cuartel militar, Iban saliendo siete carros llenos de soldados. Con el megáfono advertían a la ciudadanía que tuviéramos precaución.

Camino a casa vimos cómo mucha gente se quedó sin transporte. Mi esposo y yo decidimos llevarnos a unos cuantos. Nuestro carro es pequeño, solo podíamos mover de cuatro en cuatro. Cuando los dejábamos en su destino nos regresábamos por más y así dimos cinco vueltas.

Nuestra mayor satisfacción era ver sus caras de alivio cuando ya estaban en sus hogares después de haber caminado por horas.

Uno nos contaba que venía caminando de El Diez y en el camino le fueron dando raite y su última parada fue en Soriana Zapata. Desde ahí hasta el malecón nuevo, donde lo encontramos nosotros. Iba para fraccionamiento Los Ángeles.

Entre las personas que ayudamos había un señor de la tercera edad que nos contó que en su recorrido ya se había caído tres veces. Todo esto que pasó, causó pánico en toda la ciudadanía. No solo en algunos puntos. Por suerte estamos bien y a salvo.

*Elisa, mujer que ayudó a los ciudadanos a volver a casa

El miedo llegó muy lejos

Todo comenzó cuando le hablo por teléfono al patrón para comentar detalles de trabajo. Por el cel escucho detonaciones y gritos, se corta la llamada. Me marca como a los 30 minutos diciéndome que se empezaron a echar balazos por todos lados. Pensé: “es normal, están en Culiacán”.

Lo mismo mis hermanos, aun no sabían que tan grave o por qué era. Me habla el hermano de mi jefe para ver si no sé nada de su hermano y me empieza a comentar lo que está pasando y por qué.  Yo intento comunicarme con mi esposa para saber cómo está, pero no contesta. Le marco a un amigo de la colonia, me dice que hay gente armada en las calles, que hace poco se habían agarrado a balazos, que no puede ir a ver cómo está mi esposa por miedo.

La desesperación me ganó porque no había cómo comunicarme para saber cómo están. Tengo algún conocido en los malos pasos (como todos en Culiacán) y sé que son capaces de todo. Imagina mi miedo y desesperación estando lejos y sin poder hacer nada. Más tarde me marca mi esposa y le reclamo porque no me contesta. Me explicó que había mucha gente corriendo, hombres armados por todas partes, que no me pudo contestar porque estaba poniendo muebles en la entrada de la casa para bloquear la puerta.

Fueron horas de miedo mi esposa sola con un bebe de cuatro meses y un niño de cuatro años tratando de protegerlos a como diera lugar. Cuando supe que habían liberado al hijo del Chapo me tranquilicé un poco, pero en las redes sociales solo había ese tema y de noche seguían haciendo de las suyas. Pasé toda la noche en comunicación con ella.

Agradezco a los líderes de las distintas fuerzas y al presidente haber tomado esa decisión, podrán tacharlos de cobardes, de inservibles, pero para mí y creo que para todos los que somos de Culiacán, fue lo mejor.

*Elías, quien se encuentra fuera de la ciudad trabajando

 

Las historias aquí publicadas fueron escritas por los propios ciudadanos, de quienes se omitió el nombre real por su seguridad y para evitar cualquier represalia. En Culichi News realizamos una mínima edición por cuestión de espacio y estética de nuestro sitio web, pero se respetó en todo momento la esencia del texto enviado por los ciudadanos que vivieron la violencia a quienes agradecemos por su confianza.